Fecha de publicación: 11 de Enero de 2026 a las 01:55:00 hs
Medio: TN
Categoría: GENERAL
Descripción: Ensayos del INTA y el CONICET confirmaron que el cultivo intensivo en sistemas de recirculación es viable, rentable y sustentable, con alto potencial para diversificar la producción acuícola nacional.
Contenido: El desarrollo de la acuicultura en la Argentina suma una nueva protagonista: la boga (Megaleporinus obtusidens), un pez nativo de los ríos del Litoral que empieza a mostrar todo su potencial productivo más allá de la pesca extractiva.
Investigaciones recientes llevadas adelante por equipos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) demostraron que la especie puede criarse con éxito en sistemas intensivos de recirculación de agua (RAS), logrando altos rendimientos y calidad comercial sin comprometer los ecosistemas naturales.
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La experiencia se desarrolló en tanques circulares con control de temperatura y calidad de agua, donde se evaluó el crecimiento de ejemplares juveniles durante seis meses.
Los resultados fueron contundentes: la boga mostró una excelente adaptación a las condiciones de cultivo, con una respuesta de crecimiento directamente vinculada a la temperatura del agua. A valores superiores a los 20 °C, el desarrollo fue exponencial, alcanzando tallas de hasta 31,8 centímetros y pesos cercanos a los 568 gramos, con proyección a tamaño comercial en un plazo de entre 10 y 12 meses.
Según explicó Ariel Belavi, referente de acuicultura del INTA, los rendimientos que puede alcanzar esta especie posicionan al cultivo como una alternativa de alto impacto económico. En términos productivos, una unidad de 50 metros cúbicos puede generar alrededor de 450 kilos de pescado por ciclo, lo que extrapolado a escala anual equivale a unas 90 toneladas por hectárea. Números que ubican a la boga en un nivel competitivo dentro del esquema acuícola intensivo.
El sistema RAS utilizado en los ensayos fue clave para estos resultados. Al permitir la recirculación y el tratamiento permanente del agua, se mantienen condiciones estables, se optimiza el uso de los recursos y se reducen los efluentes. Para Pablo Collins, investigador del CONICET, esta tecnología demuestra que es posible producir pescado nativo de excelente calidad con herramientas accesibles, minimizando los impactos ambientales y los costos operativos.
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Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la versatilidad territorial del cultivo. La boga puede desarrollarse al aire libre en provincias como Corrientes, Misiones, Formosa, Santiago del Estero, norte de Santa Fe y este de Salta. Además, bajo cubierta plástica y sin calefacción, el sistema es viable en amplias zonas del país donde la temperatura media de julio supera los 9 °C, incluyendo el norte de Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba y el centro-sur santafesino, este de La Rioja y sureste de Catamarca.
Más allá de los números, el cultivo de boga representa una oportunidad estratégica. Se trata de una especie muy valorada por el mercado, con carne firme, suave y de alto contenido proteico. Su alimentación omnívora, el bajo requerimiento de proteína en las dietas y su buena tolerancia térmica refuerzan su perfil como candidata ideal para sistemas intensivos.
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Actualmente, la oferta de boga proviene casi exclusivamente de la pesca en ríos, lo que genera presión sobre las poblaciones naturales. La producción en cautiverio aparece así como una herramienta clave para garantizar abastecimiento, reducir el impacto ambiental y abrir nuevas posibilidades de agregado de valor. Identidad local, diversificación, empleo y rentabilidad confluyen en una ecuación que empieza a consolidar a la boga como una especie de oportunidades para el crecimiento de la acuicultura nacional.
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