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Fecha de publicación: 31 de Diciembre de 2025 a las 09:17:00 hs

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Medio: TN

Categoría: GENERAL

Pequeños cambios en tus bebidas que pueden mejorar tu alimentación

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Descripción: Bebidas azucaradas, alcohol y cafés “especiales” pueden sumar calorías sin generar saciedad. Qué recomiendan los especialistas para hidratarse mejor sin complicar la dieta.

Contenido: Comer saludable no siempre alcanza si lo que se toma a lo largo del día va en sentido contrario. Jugos, gaseosas, alcohol, cafés con crema o batidos industriales pueden aportar una gran cantidad de calorías sin que el cuerpo registre saciedad. Por eso, cada vez más especialistas repiten una consigna simple pero efectiva: no beber las calorías.

La recomendación no implica eliminar todo lo que no sea agua, sino priorizarla y aprender a elegir mejor el resto de las bebidas, especialmente cuando el objetivo es bajar de peso o mejorar la salud metabólica.

Según explica la dietista Shyla Cadogan, de EE.UU., las bebidas calóricas tienen una particularidad: se consumen rápido y no generan sensación de saciedad. A diferencia de los alimentos sólidos, no activan de la misma manera los mecanismos de saciedad.

Esto hace que una persona pueda sumar varias bebidas calóricas en el día sin notarlo, y luego preguntarse por qué no logra ver resultados a pesar de “comer bien”. Refrescos, jugos, alcohol y batidos con azúcar, crema o leches enteras concentran buena parte de este problema.

El agua, en cambio, es esencial para la salud, no aporta calorías y no entra en la ecuación del balance energético diario. Por eso, los especialistas coinciden en que debería ser la bebida principal, incluso cuando se permiten otras de manera ocasional.

Uno de los puntos que más suele pasarse por alto es el consumo de alcohol. Cadogan señala que no aporta beneficios nutricionales y que muchas veces se subestima su impacto. Una cerveza al final del día o algunas salidas semanales pueden sumar calorías de forma sostenida sin que la persona lo registre como parte de su dieta.

En otros casos, el problema no es el alcohol sino la necesidad diaria de azúcar: bebidas gaseosas, jugos industrializados o cafés de cafetería con jarabes y crema. Estas opciones, aunque socialmente aceptadas, pueden transformarse en un hábito que dificulta cualquier intento de mejora en la alimentación.

La clave no está en la prohibición, sino en tomar conciencia de la frecuencia y las cantidades.

Hacer cambios sostenibles es más efectivo que intentar restricciones extremas. Cadogan propone algunas estrategias simples que pueden marcar la diferencia:

Agregar pequeñas cantidades de jugo natural al agua puede ser una alternativa intermedia, siempre que no tenga azúcar añadida. En el caso de los batidos, sumar proteína ayuda a mejorar la saciedad y a evitar picos de glucosa.

Beber mejor no solo impacta en el peso. Una hidratación adecuada influye en la energía, la digestión y la regulación del apetito. Muchas veces, el cuerpo confunde sed con hambre, lo que lleva a comer de más cuando en realidad lo que necesita es agua.

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El mensaje no es eliminar todo disfrute, sino ordenar prioridades. Un jugo o una bebida dulce ocasional no representan un problema, pero convertirlos en rutina diaria sí puede serlo.

Elegir qué tomar también es parte del cuidado del cuerpo. Y en ese equilibrio, el agua sigue siendo la mejor aliada.

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