Fecha de publicación: 30 de Diciembre de 2025 a las 19:08:00 hs
Medio: TN
Categoría: GENERAL
Descripción: El calor extremo puede alterar el funcionamiento muscular. Por qué ocurren y qué señales conviene no pasar por alto.
Contenido: Con la llegada del calor y el aumento de la actividad al aire libre, muchas personas empiezan a notar una molestia que suele minimizarse: los calambres musculares. Aparecen de forma repentina, duelen, interrumpen el descanso o el ejercicio y, en la mayoría de los casos, se los atribuye solo al cansancio o a “haber tomado poca agua”. Sin embargo, los especialistas advierten que no siempre son tan inocentes.
“El calambre es una contracción involuntaria y dolorosa del músculo, y en verano suele ser la forma que tiene el cuerpo de avisar que algo está desequilibrado”, explica el Fernando Corbí, traumatólogo español del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre.
Durante los meses de altas temperaturas, el organismo pierde grandes cantidades de líquidos y sales minerales a través del sudor. Si esa pérdida no se repone de manera adecuada, se altera el funcionamiento normal del músculo.
“El sodio, el potasio, el calcio y el magnesio son fundamentales para la contracción y relajación muscular. Cuando estos electrolitos bajan, el músculo entra en ‘cortocircuito’ y aparece el calambre”, señala Corbí.
El problema es que este desequilibrio no siempre se percibe de inmediato. Muchas personas siguen entrenando, trabajando o caminando bajo el sol sin notar señales previas claras, hasta que el dolor aparece de golpe.
Aunque cualquiera puede sufrir un calambre, hay grupos particularmente vulnerables:
Uno de los puntos clave que remarcan los especialistas es que los calambres frecuentes, intensos o que aparecen sin un esfuerzo claro no deberían normalizarse.
“Cuando los calambres son repetidos, muy dolorosos o se acompañan de debilidad, mareos, náuseas o fatiga, es importante consultar”, advierte Corbí. “En algunos casos pueden estar vinculados a trastornos metabólicos como diabetes o hipotiroidismo, problemas vasculares, o incluso enfermedades neurológicas”.
Leé también: Tres consejos para comunicarse con alguien que tiene alzheimer
Por eso, el mensaje no es alarmar, sino aprender a escuchar al cuerpo y no tapar la señal solo con estiramientos o suplementos sin control médico.
La prevención empieza mucho antes de que aparezca el dolor:
Si los calambres:
la recomendación es clara: no autodiagnosticarse y consultar con un profesional.
“En verano vemos muchos cuadros que podrían prevenirse con información y una consulta a tiempo”, resume Corbí. “El calambre no siempre es solo cansancio: muchas veces es un aviso”.
Visitas: 0