Fecha de publicación: 20 de Diciembre de 2025 a las 10:36:00 hs
Medio: INFOBAE
Categoría: GENERAL
Descripción: Más que escribir rápido, la IA permite pensar mejor, ordenar ideas complejas y detectar errores cuando se la utiliza con instrucciones precisas
Contenido: La forma en que las personas usan la inteligencia artificial en el trabajo y los estudios está cambiando, y el debate ya no gira solo en torno a si estas herramientas reemplazarán empleos, sino a cómo deben utilizarse de manera ética, responsable y efectiva. Cada vez más expertos coinciden en que la IA no debe ocupar el lugar del operador principal, sino funcionar como una herramienta de apoyo que mejore la productividad, el análisis y la toma de decisiones sin sustituir el criterio humano.
En ese contexto, empieza a consolidarse una idea clave: el verdadero límite de la inteligencia artificial no está tanto en la tecnología como en la forma en que se le pide ayuda. Aunque la IA suele promocionarse como una vía para escribir más rápido, resumir textos o producir más en menos tiempo, quienes la utilizan de forma intensiva descubren que los resultados dependen, en gran medida, de la calidad de las instrucciones que reciben los sistemas, conocidas como prompts.
La experiencia de profesionales de distintos sectores muestra que pedirle algo “genérico” a un chatbot suele derivar en respuestas poco precisas o difíciles de aplicar. En cambio, cuando se definen objetivos claros, se aporta contexto y se delimitan tareas concretas, la IA puede convertirse en una aliada poderosa para pensar mejor, escribir con más claridad, investigar con mayor foco y revisar trabajos con una mirada crítica.
A partir de ese aprendizaje, distintos especialistas han comenzado a sistematizar buenas prácticas para interactuar con la IA. Estas se pueden resumir en seis tipos de prompts que ayudan a aprovechar su potencial sin delegar el pensamiento ni la responsabilidad final.
Este es uno de los más importantes y, al mismo tiempo, uno de los más ignorados. Consiste en asignarle a la IA un rol específico y un objetivo claro. Definir si debe actuar como analista, editor, investigador o consultor reduce la ambigüedad de las respuestas. A esto se suma la necesidad de aportar contexto, restricciones y un entregable concreto, lo que permite obtener resultados más útiles y accionables.
La IA también puede servir para ordenar ideas difusas o destrabar problemas complejos. En lugar de pedir soluciones directas, se le puede solicitar que identifique supuestos débiles, reorganice argumentos o evalúe una decisión desde distintas perspectivas, como la económica, la operativa o la reputacional. De este modo, funciona como un espejo crítico del propio razonamiento.
Antes de redactar, pedir una estructura clara suele ser más productivo que pedir texto terminado. La IA puede proponer esquemas lógicos adaptados a una audiencia concreta. Cuando el texto ya existe, su rol cambia: puede actuar como editor, detectar redundancias, problemas de claridad o fallas en la estructura, ayudando a mejorar la calidad del contenido sin perder la voz propia.
En tareas de investigación, la IA resulta especialmente útil para sintetizar información. Pedir panoramas generales, actores clave, tendencias y debates abiertos permite ahorrar tiempo y enfocarse luego en el trabajo de profundidad. También es eficaz para comparar opciones, tecnologías o estrategias de forma ordenada y comprensible.
Usar la IA al final del proceso no implica un simple retoque, sino una revisión crítica. Al pedirle que detecte errores, supuestos no justificados u oportunidades de mejora, la herramienta cumple un rol similar al de una segunda opinión. Esta distancia ayuda a identificar fallas que suelen pasar inadvertidas cuando el trabajo ya parece terminado.
El último nivel aparece cuando la IA se convierte también en una herramienta de aprendizaje. Analizar por qué respondió de cierta manera, evaluar el prompt utilizado y entender cómo podría mejorarse permite desarrollar un criterio más sólido. En este punto, el usuario deja de depender de la herramienta y empieza a usarla como una extensión más precisa de su propio pensamiento.
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