Fecha de publicación: 20 de Diciembre de 2025 a las 09:02:00 hs
Medio: INFOBAE
Categoría: GENERAL
Descripción: Desde tumbas hasta puertos sumergidos vinculados a Cleopatra. El año sorprendió a la arqueología con descubrimientos que redefinieron el conocimiento sobre antiguas civilizaciones
Contenido: El 2025 resultó excepcional para la arqueología mundial, con hallazgos que reescribieron pasajes cruciales del pasado y abrieron nuevos interrogantes sobre importantes civilizaciones. Desde tumbas reales escondidas en la selva hasta puertos sumergidos que pudieron servir como última morada de Cleopatra, la suma de avances tecnológicos y excavaciones clásicas ofreció revelaciones sin precedentes.
National Geographic dio a conocer cuáles han sido los seis descubrimientos que más impactaron a la comunidad científica y al público a lo largo del año.
El hallazgo más resonante del año tuvo lugar en la antigua ciudad maya de Caracol, enclavada en la selva de Belice. Allí, tras cuatro décadas de investigación, los arqueólogos Arlen y Diane Chase de la Universidad de Houston encontraron un sepulcro de aproximadamente 1700 años de antigüedad, datado entre los años 330 y 350 d.C.
La tumba contenía los restos de un hombre mayor, cubiertos de cinabrio, cuyo cráneo fue hallado dentro de un recipiente de cerámica. El ajuar funerario incluía un máscara de mosaico de jade y conchas destrozada y orejeras de jade.
Los expertos creen que los restos pueden pertenecer al reconocido soberano maya Te K’ab Chaak, lo que implicaría haber identificado al fundador de una dinastía que gobernó Caracol durante casi cinco siglos. Las investigaciones en el sitio, que incluyeron entierros cremados y hojas de obsidiana verde, ofrecen indicios de una posible conexión con la poderosa ciudad de Teotihuacan, en México.
Este descubrimiento no solo aporta valiosa información sobre los orígenes de la élite maya, sino que también ilustra cómo las herramientas modernas y las excavaciones tradicionales pueden combinarse con gran efectividad.
En Egipto, la búsqueda de la mítica tumba de Cleopatra experimentó un giro decisivo. La arqueóloga y exploradora de National Geographic Kathleen Martínez, quien desde hace dos décadas rastrea el paradero de la última reina del Egipto ptolemaico, dirigió una expedición al templo de Taposiris Magna, en las cercanías de Alejandría. Sin embargo, los rastros más fascinantes no se hallaron bajo ruinas terrestres, sino bajo las aguas del Mediterráneo.
Un equipo liderado por Bob Ballard, también de National Geographic, empleó mapeo subacuático para identificar pisos pulidos, columnas y anclas que datan de la época de la reina. El hallazgo, destacado en el documental Cleopatra’s Final Secret, reformula la importancia de Taposiris Magna, perfilándolo como un puerto marítimo vital, además de centro religioso, y respalda la hipótesis de que Cleopatra eligió este lugar para su tumba. La certeza absoluta aún requiere nuevas expediciones, pero la evidencia crece.
En febrero de este año, otro misterio milenario fue resuelto cerca del Valle de los Reyes, al sur de Luxor. Una misión conjunta británico-egipcia localizó la tumba de Tutmosis II, un hallazgo que los egiptólogos perseguían desde hacía más de cien años. Reinó entre 1493 y 1479 a.C., fue esposo y medio hermano de la célebre Hatshepsut.
Es la primera tumba real descubierta en la zona desde la de Tutankamón en 1922, y su cámara funeraria sorprendió con muros cubiertos de jeroglíficos e incluso un techo decorado con mapas celestes. El hallazgo aporta una comprensión más profunda sobre el período inicial de la dinastía XVIII y la arquitectura funeraria real.
El trabajo de Bob Ballard no se detuvo en aguas egipcias. Junto a su equipo, a bordo del E/V Nautilus, emprendió una exploración a las profundidades de Iron Bottom Sound, una zona frente a las Islas Salomón, donde yacen más de cien barcos hundidos durante la Batalla de Guadalcanal; algunas de estas naves no habían sido observadas desde la década de 1940.
Mediante vehículos operados remotamente (ROV), identificaron 13 naufragios, entre ellos el destructor japonés Teruzuki y la proa destrozada del USS New Orleans. También revisitó el HMAS Canberra y los restos colapsados del USS DeHaven.
El relevamiento no solo resalta la dimensión trágica del conflicto en el Pacífico, que costó más de 27.000 vidas en solo seis meses, sino que también recupera episodios poco conocidos de la historia bélica.
En las laderas del Monte Sierpe, en Perú, un antiguo misterio se resolvió gracias al uso de drones y tecnología de análisis vegetal. A lo largo de la montaña, se extiende una hilera de unos 5.000 agujeros excavados en la roca, cuya función desconcertó a arqueólogos durante décadas.
En 2025, la evidencia llevó a los investigadores a concluir que estas perforaciones funcionaron como mercado y sistema de contabilidad para los pueblos Chincha y, posteriormente, para los incas. En las oquedades se almacenaban canastas con productos, y su disposición podría estar ligada a sistemas contables ancestrales, similares a los famosos khipus.
Este avance refuerza la visión de que las sociedades andinas engañaban al paisaje con sofisticación para organizar el comercio, el tributo y el almacenamiento de recursos.
En el sur andino, la utilización de imágenes satelitales permitió identificar 76 estructuras de piedra en V en el valle del río Camarones, Chile, conocidas como “chacu”. Estos enormes corrales, de más de 150 metros de longitud, servían para canalizar y capturar vicuñas salvajes.
Las investigaciones muestran que las antiguas poblaciones adaptaban el entorno no solo para la supervivencia, sino para la explotación sostenible de los recursos faunísticos. La sofisticación de estos sistemas revela la organización colectiva en tareas de caza a gran escala, esenciales en el desarrollo de las culturas precolombinas de la región.
Un notable avance genético surgió de una tumba en la necrópolis de Nuwyat, Egipto, donde los arqueólogos hallaron el esqueleto de un hombre de unos 4.500 años, enterrado dentro de una vasija de cerámica. El equipo logró recuperar material genético que representa el genoma egipcio más antiguo y completo secuenciado hasta la fecha.
El análisis reveló una composición genética de 80% de grupos neolíticos norteafricanos y 20% de poblaciones asiáticas occidentales. Mediante técnicas de escaneo 3D, los científicos lograron reconstruir el rostro de este individuo, aunque aún desconocen por qué fue enterrado de ese modo. El estudio de las marcas en sus huesos sugiere que era un hábil alfarero, y no un trabajador de las pirámides.
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