Fecha de publicación: 16 de Diciembre de 2025 a las 08:15:00 hs
Medio: INFOBAE
Categoría: GENERAL
Descripción: El impacto de la automatización no será una pérdida total de empleos, sino una transformación profunda en las tareas, las habilidades y los sectores más demandados
Contenido: La acelerada adopción de la inteligencia artificial (IA) y la automatización podría transformar de manera profunda el mercado laboral global en la próxima década. Un informe del McKinsey Global Institute (MGI) estima que entre 400 y 800 millones de personas podrían tener que cambiar de ocupación para 2030, en uno de los mayores procesos de reconversión laboral de la historia reciente.
El estudio advierte que la magnitud del impacto dependerá del ritmo de implementación tecnológica, las políticas públicas y la capacidad de los trabajadores para adquirir nuevas competencias. Aunque el escenario plantea desafíos significativos, los expertos coinciden en que no se trata solo de una pérdida masiva de empleos, sino de un cambio en la naturaleza del trabajo y en las habilidades requeridas.
El informe de MGI señala que los efectos de la automatización no necesariamente se traducirán en una destrucción permanente de puestos, sino en un desplazamiento de tareas y funciones hacia sectores emergentes. En su escenario más amplio, el organismo calcula que entre 75 y 375 millones de personas deberán cambiar de categoría ocupacional y capacitarse en nuevas áreas.
La clave, advierte MGI, estará en la capacidad de las economías para adaptarse a la nueva estructura productiva. Las transiciones laborales podrían ser más suaves si los gobiernos y las empresas implementan políticas de recualificación a gran escala, enfocadas en preparar a la fuerza laboral para las nuevas demandas tecnológicas.
Los empleos más vulnerables al reemplazo automatizado se concentran en actividades repetitivas y estructuradas, como las tareas administrativas, la atención al cliente, el soporte de ventas y la producción industrial. Estas funciones, según MGI, son las más susceptibles de ser asumidas por sistemas de IA y robots especializados.
Por el contrario, los puestos que exigen creatividad, empatía, pensamiento crítico o habilidades sociales mantienen un nivel de protección mayor. En Estados Unidos y Europa, la tendencia ya muestra un cambio en el tipo de competencias demandadas: además de los conocimientos técnicos, las empresas valoran la adaptabilidad, el pensamiento estratégico y la capacidad de aprendizaje continuo.
El economista José Ramón Riera destaca que este proceso de transformación también abre una oportunidad sin precedentes. A su juicio, la llamada “revolución industrial digital” podría generar empleos con mejores condiciones salariales y mayor calidad de vida, siempre que los países inviertan en educación, capacitación y desarrollo de talento.
Riera sostiene que la transición tecnológica debe gestionarse de forma proactiva, con políticas que acompañen el cambio y eviten brechas sociales. “Si los Estados y las empresas apuestan por la formación y la recualificación masiva, el resultado podría ser un salto importante en productividad y bienestar”, señala.
Los analistas del MGI y otros organismos especializados coinciden en que la respuesta política será determinante. Entre las medidas más urgentes proponen:
La revolución de la IA ya se encuentra en marcha y el desafío global consiste en asegurar que su impacto sea inclusivo. Para los especialistas, más que una amenaza, la automatización representa una oportunidad para repensar el futuro del empleo y las competencias humanas en una era que será dominada por la inteligencia artificial.
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