Menú Responsive Foundation

Fecha de publicación: 12 de Diciembre de 2025 a las 11:19:00 hs

COMPARTIR NOTICIA

WhatsApp Facebook

Medio: TN

Categoría: GENERAL

Mascotas como “hijos”: qué dice la ciencia sobre esta tendencia y sus riesgos reales

Portada

Descripción: Qué muestran las encuestas, qué alertan los expertos y cuáles son los riesgos reales de esta tendencia.

Contenido: El Papa Francisco relató una vez un episodio que dio la vuelta al mundo: una mujer se acercó para pedirle que bendijera a su bebé, pero “al descorrer la cortinilla del moisés”, encontró un perro pequeño. “Perdí la paciencia —dijo, citado por la BBC—. Le dije: ‘Con tantos niños que están pasando hambre, ¿y me traes un perro?’”.

Aunque extrema, la escena refleja una tendencia creciente. Según una encuesta del Pew Research Center, el 97% de los dueños de mascotas en Estados Unidos las considera “familia”, y el 51% las percibe como “miembros humanos” en igualdad de condiciones. Entre quienes viven en pareja sin hijos, ese porcentaje asciende al 65%.

Esta visión afecta también los espacios cotidianos. El New York Times mencionó casos insólitos: una mujer que se perdía los actos escolares de sus hijos por cuidar chimpancés —“cuando adoptas un mono, el vínculo es mucho, mucho más profundo”, decía— o dueños que piden que los niños eviten tocar perros, al punto de sugerir que deberían “llevarlos con correa”.

Diversos expertos advierten que la humanización de las mascotas, aunque motivada por afecto, puede ser perjudicial.

El filósofo Roger Scruton, en Animal Rights & Wrongs, fue contundente: “La sentimentalización y la ‘kitschificación’ de las mascotas (…) es un amor simulado que ellas no pueden rechazar ni criticar”. Para él, atribuir emociones y deseos humanos a los animales “destruye efectivamente toda posibilidad de relaciones cordiales y beneficiosas entre nosotros y ellos”.

Leé también: La particular terapia con animales que es un gran apoyo emocional en tiempos difíciles

Scruton enfatizaba que los animales no son “niños” incapaces temporalmente de decidir, sino seres que no pueden formar parte de la comunidad moral. Exigirles roles o derechos humanos implica imponerles obligaciones que tampoco pueden comprender.

Jessica Pierce, doctora en Bioética y autora de varios libros sobre la relación humano–animal, sostiene que la humanización extrema no es necesariamente positiva. “No logramos satisfacer sus necesidades de comportamiento. Los mimos no mantienen feliz a un perro: lo hace poder ser simplemente perro”.

Entre los comportamientos dañinos menciona:

Desde PETA, la vicepresidenta europea Mimi Bekhechi coincide: “No se puede disfrazar a los animales; puede causarles estrés y ser peligroso”. Y recuerda que lo esencial es garantizar “un hábitat adecuado, atención sanitaria, ejercicio y la posibilidad de expresar un comportamiento natural”.

El antropomorfismo extremo no solo genera ideas equivocadas sobre el comportamiento animal: puede afectar su fisiología.

Un estudio publicado en el National Center for Biotechnology Information —con participación de la Universidad Autónoma Metropolitana, la UNAM y la Universidad de Pisa— encontró que ciertas prácticas antropomórficas dañan el bienestar físico y emocional de las mascotas.

La médica veterinaria Karina Lezama, una de las autoras, explica: “Algunas prácticas pueden incluso producir deshidratación, presión arterial alta, choque térmico e incluso la muerte, dependiendo de la intensidad y frecuencia de la exposición”.

Señala además que el antropomorfismo suele responder a una necesidad humana: “satisfacer la necesidad de cierto tipo de relación, más que reconocer las emociones y motivaciones reales del animal”.

El veterinario de comportamiento Giacomo Riggio detalla ejemplos concretos:

Estudios recientes explican el costado emocional del fenómeno.

Según Harvard Gazette, cuando las madres observan fotos de su propio perro, se activan regiones cerebrales similares a las que se activan cuando ven a su bebé humano, una evidencia del circuito del “instinto de crianza”.

Otros hallazgos:

Un estudio de USA Today y OnePoll reveló que el 67% de los jóvenes de 18 a 26 años prefiere tener un perro antes que un hijo, principalmente por la combinación de compañía, menor demanda de tiempo y mayor flexibilidad.

Paradójicamente, las expectativas excesivas pueden llevar al extremo opuesto: entregar al animal a un refugio. PETA enumera como principales causas:

Solo en 2023, en Estados Unidos ingresaron a refugios 3,3 millones de gatos y 3,2 millones de perros, con más de 850.000 muertes reportadas (Shelter Animal Counts).En España, la Fundación Affinity registró 286.600 animales abandonados en el mismo período.

Los expertos coinciden: amar a las mascotas no está mal. El problema surge cuando ese amor se expresa de manera humana en un cuerpo que no lo es.

Como señaló Pierce: “La fórmula es simple: debemos dejar que los perros sean perros”.

Y según Lezama: “Comprender la anatomía y fisiología de las mascotas ayuda a respetar su verdadera naturaleza”.

El desafío, para una sociedad que cada vez incorpora más a los animales en la vida cotidiana, es encontrar el equilibrio entre el afecto y el respeto por sus necesidades reales.

Imágenes adicionales
Imagen relacionada 1 Imagen relacionada 2

Leer más

Visitas: 0