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Fecha de publicación: 10 de Diciembre de 2025 a las 08:19:00 hs

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Medio: TN

Categoría: GENERAL

Cómo evitar que las fiestas desborden a un familiar con demencia

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Descripción: Columnista invitada l Las reuniones de fin de año modifican rutinas, multiplican los estímulos y pueden generar confusión o ansiedad en personas con demencia. Claves para organizar encuentros más tranquilos, humanos y sostenibles para toda la familia.

Contenido: Diciembre concentra una mezcla de emociones y expectativas: encuentros familiares, mesas largas, nostalgia y celebraciones. Pero para las personas con demencia —y quienes las acompañan— esta época puede resultar especialmente desafiante. El aumento del ruido, los cambios de ambiente, los olores intensos y las conversaciones simultáneas conforman un escenario que, lejos de ser festivo, puede resultar abrumador.

Las personas con demencia dependen en gran medida de la rutina. La previsibilidad les brinda seguridad cognitiva y emocional. Cuando el entorno cambia de forma brusca o prolongada, pueden aparecer señales de desorientación, ansiedad o conductas inesperadas. Lo que otras personas viven como un momento de disfrute, para ellas puede convertirse en una experiencia saturada de estímulos difíciles de procesar.

La Organización Mundial de la Salud estima que más de 55 millones de personas en el mundo viven con demencia, y este número continúa en aumento. Aunque las estadísticas argentinas no están actualizadas, se proyecta que miles de familias atraviesan situaciones similares cada fin de año.

A nivel clínico, se sabe que la sobrecarga sensorial —luces, música fuerte, varias conversaciones a la vez, decoración intensa— puede detonar agitación o retraimiento. También es frecuente que la nostalgia se intensifique: la memoria emocional suele permanecer más preservada que la memoria reciente, por lo que las fiestas pueden evocar emociones intensas, incluso si la persona no logra ubicar con claridad a quienes la rodean.

El objetivo no es evitar las fiestas, sino adaptarlas para que la persona pueda participar sin quedar sobrepasada. Algunas pautas ayudan a crear un entorno más amigable:

En muchos casos pueden aparecer comportamientos inusuales: comentarios fuera de contexto, inquietud, rechazo a ciertos estímulos o conductas repetitivas. Lo más eficaz es redirigir la atención hacia otra actividad sin confrontar ni corregir. Un cambio de ambiente, un objeto familiar o una tarea sencilla pueden ayudar a recuperar la calma.

También conviene anticipar pausas. Un breve descanso en un ambiente más silencioso, lejos de la mesa o del bullicio, puede evitar episodios de agobio.

Las fiestas suelen aumentar la carga física y emocional de quien cuida. La expectativa familiar, la logística, el cansancio acumulado y la necesidad de sostener la situación pueden generar agotamiento. Por eso, es importante que otros familiares asuman parte de las tareas o acompañen por turnos.

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Involucrar a distintas personas permite aliviar al cuidador principal, distribuir responsabilidades y favorecer interacciones más ricas con la persona con demencia.

Celebrar con un familiar con demencia no solo es posible: puede ser profundamente significativo. Requiere bajar la exigencia, adaptar expectativas y priorizar la conexión por encima de la perfección.

Las fiestas no deberían centrarse en lo que la persona ya no puede hacer, sino en lo que todavía puede disfrutar. Cuando la familia comprende sus necesidades y organiza el entorno en consecuencia, la experiencia se vuelve más serena, más humana y más compartida para todos.

(*) La Dra. María Luciana Ojeda (M.P. 07.257) es médica especialista en Psiquiatría. Diplomada en Adicciones, con formación en Terapia Dialéctico-Comportamental y abordaje cognitivo integrativo. Fellow en Demencias y Enfermedad de Alzheimer.

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