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Fecha de publicación: 16 de Mayo de 2026 a las 11:26:00 hs

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Medio: TN

Categoría: ESPECTACULOS

Jorge Porcel: del éxito absoluto con Alberto Olmedo a un final marcado por la enfermedad y el rechazo

Portada

Descripción: Hace 20 años, moría en Miami. Fue un gran actor cómico que triunfó en el cine, el teatro de revistas y la TV. Los claroscuros de un hombre talentoso y polémico.

Contenido: Durante más de 20 años fue uno de los actores cómicos más importantes del país. Triunfó en televisión, teatro y cine. Fue una de las figuras paradigmáticas del teatro de revista, género que dominó toda la década del 70. Sus programas quebraron récords de rating y sus películas llevaron millones de espectadores a las salas.

Sin embargo, Jorge Porcel no es recordado con cariño por la mayoría del público. Cuando se habla de él, es inevitable pensar también en Alberto Olmedo, su compañero de fórmula. La diferencia en el legado de uno y otro, en la manera en que son evocados, es enorme, mucho más evidente que cuando ambos estaban en actividad.

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Está claro que su rasgo físico más determinante, casi excluyente, era su obesidad. El Gordo Porcel. Si se repasan sus películas en la actualidad, a veces resulta inverosímil la enorme cantidad de chistes que se hacen alrededor de su peso (es casi imposible encontrar una entrevista que no haga referencia a la dieta que está realizando, a cuándo comenzó la obesidad o a los kilos que bajó o bajará). Es posible que ese physique du rôle le haya impedido acceder a otros papeles, pero, al mismo tiempo, es innegable que él lo aprovechó como factor cómico.

Su mirada y sus gestos combinaban la ternura con la lujuria, según el caso. Tenía un timing perfecto para el humor, como si en medio de la tráquea tuviera un metrónomo. El tempo y el tono justos para el pie o la réplica. Sus personajes eran, principalmente, antihéroes, perdedores, aquellos a los que no les salían las cosas o sufrían la viveza de los demás. Con los años y el avance silencioso de la enfermedad, perdió la agilidad corporal, pero sobre todo la de la réplica exacta.

Muchas veces contó que Juan Carlos Mareco lo vio actuando en un restaurante de barrio y que le auguró un gran futuro. Otros dicen que fue descubierto en un club cuando amenizaba, para un centenar de personas, una noche de baile. Lo cierto es que comenzó en la radio en La Revista Dislocada, el programa radial humorístico de Délfor, que fue un gran semillero del espectáculo argentino (entre otros, Carlitos Balá, Raúl Rossi, Nelly Beltrán, Mario Sapag salieron de allí).

Con Délfor hizo varias giras por el interior y debutó a principios de los 70, después de haber pasado por la Colimba, en la incipiente televisión. En 1964 tuvo su primer protagónico en la pantalla chica en Los Sueños de Porcel, un programa que hizo debutar a dos que llevarían el mote de gordo. Juan Carlos Mesa en los libretos y Porcel como figura principal.

Después vinieron algunos años del primer Operación Ja Ja de los hermanos Sofovich (en La peluquería, Don Mateo era encarnado por Fidel Pintos) hasta la explosión de El Botón ya en 1969, otro producto de los Sofovich con el que fue posiblemente el mejor elenco cómico (tal vez sobre la palabra cómico de la historia de la TV): Olmedo, Porcel, Fidel Pintos, Ernesto Bianco, Javier Portales, Juan Carlos Altavista, Mabel Manzotti, María Rosa Fugazzot, Marcos Zucker, Julio de Grazia, Adolfo García Grau.

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Después llegó la independencia de Polémica en el Bar (antes solo un sketch) con la mesa integrada por Minguito, él, Fidel Pintos, García Grau y Portales.

En 1973, el programa que parecía destinado a romper todo: Fresco y Batata: la dupla Porcel y Olmedo en prime time. Pero no anduvo bien de rating y la dupla ya no trabajaría más junta en televisión. Fue como si aprendieran la lección: en la tele no valía la pena unir los esfuerzos porque no multiplicaban el público.

Pero ese mismo año la dupla encontró una fórmula que pareció imbatible.

Una década después de haber debutado en el cine -participó en varias comedias y también en producciones picarescas- llegaría la película que cambió su relación con el cine, la que daría comienzo a una extensa saga y hasta, se podría decir, la que inventó un género. El de las películas de Olmedo y Porcel. Los Caballeros de la Cama Redonda fue la primera película del dúo, producida por Aries y dirigida por Gerardo y Hugo Sofovich.

La fórmula la replicaron al infinito: chistes fáciles, alguna mala palabra (era un gran puteador Porcel), chicas con muy poca ropa, mucha misoginia, encuentros sexuales siempre frustrados y no mucho más. Es más: a medida que pasaban las películas, la pereza de los involucrados cada vez era más evidente, pero ese efecto no se notaba en la taquilla.

Permanecían muchas semanas en cartel y llevaban más de un millón de espectadores a las salas. Fueron 15 años de películas. Entre las que hicieron juntos y las que protagonizaron por separado (el otro hacía un pequeño cameo) fueron 36. Según cuenta Héctor Olivera en sus memorias, los films de Porcel solo vendían más entradas que los de Olmedo solo.

Ya iniciados los 80, la fórmula pareció agotarse y se transformó con productos pensados para los chicos: la trilogía de Los Colimbas, Galería del Terror, Los Extraterrestres. Tres días antes de la muerte de Olmedo, se estrenó la última del dúo, su regreso a la picaresca, Atracción Peculiar. Hubo un estertor de Porcel en solitario. Ese mismo año, en el 88, se estrenó su última película nacional: El Gordo Punk. Eso sí, después, durante más de dos décadas, las películas que habían sido prohibidas se convirtieron en una costumbre de la televisión -hasta de los fines de semana a la tarde- y mantuvieron alto rating a lo largo de muchos, muchos años.

Porcel, a diferencia de Olmedo, no tenía troupe. No había un conjunto de actores que lo acompañara en cada proyecto. Sus compañeros de elenco y las mujeres esculturales que participaban de sus programas y obras variaban constantemente. Los motivos principales son dos: por un lado, el trato cotidiano con Porcel era muy difícil, se generaban incomodidades, rispideces y malos momentos, que hasta llegaban a traspasar la frontera, en ocasiones, del acoso laboral o el abuso. Por otro lado, él no solía compartir los logros o preocuparse por el destino profesional de sus compañeros. No quería que nadie lo opacara.

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En televisión, después de unos años protagonizando sus programas cómicos como Porcelandia, Porcel para todos o hasta un intento para el público infantil, Porcel volvió a integrar un elenco. Fue con el regreso de Operación Ja Ja en 1980 ya sólo al comando de Gerardo Sofovich. Fue un éxito colosal. 60 puntos de rating que obligó a varios spin-offs. La Peluquería de Don Mateo con Rolo Puente como cliente y Polémica en el Bar (Porcel, Altavista, Julio de Grazia, Rolo Puente, Mario Sánchez) batieron récords durante un par de años, hasta que en el 82 los militares pusieron los topes a los sueldos televisivos. En esos programas, Porcel mostró su ductilidad. Maestro de orquesta y primera figura en la Peluquería, partenaire perfecto, con los pies con tempo preciso para Minguito en Polémica.

Una medida de su éxito: llegó a tener su revista de historietas para niños como Piluso, Balá y Minguito; se llamó, previsiblemente, Las aventuras del Gordo Porcel.

Más allá de la televisión y sus películas, pareciera que el campo en el que Porcel descolló, aquel en el que se movía con mayor comodidad, fue el teatro de revistas. Comenzó a mediados de los sesenta y a principios de la siguiente década ya encabezaba. El día que vio su nombre en lo más alto de la marquesina sintió que cumplía un sueño.

A partir de 1975 hizo dupla con Olmedo (a diferencia de El Gordo, Olmedo hizo pocas temporadas de revista, retirándose en 1983) y en algunas obras se les sumaron Moria y Susana, un cuarteto invencible. Sus espectáculos fueron los más taquilleros durante esos años. Con siete funciones agotadas durante los fines de semana: dos los viernes, tres los sábados y dos los domingos. Fue una superestrella del género.

La dupla con Olmedo se quebró cuando el rosarino lo escuchó hablar mal de él desde su camarín y quejándose de que el que vendía los tickets era el mismo Porcel y no Olmedo. Esa noche, Olmedo, a la hora del sketch que los juntaba, no se presentó en el escenario, cruzó a comer una pizza en la otra vereda de Corrientes, para mostrarle a Porcel que solo no era lo mismo. Olmedo se negó a volver a hacer temporada con su (ex) amigo.

Cada tanto, las acusaciones contra él se renuevan, se reiteran. Como si anualmente los programas de chimentos se tomaran una semana para convocar a vedettes de antaño para desenterrar las acusaciones contra el capocómico. Desde flatulencias a gritos destemplados, de tocadas de cola a proposiciones indecentes, pasando por actitudes mezquinas hasta alguna denuncia de acoso.

Jorge Luz, su compañero en La Tota y la Porota, dice en Nunca me la creí, la biografía que escribió sobre él Hugo Paredero y que acaba de editar Marea: “Era difícil el Gordo. Muy difícil. Y lo siguió siendo”. En un momento Luz y su biógrafo ven juntos un sketch del dúo, en el que la Porota, el personaje de Jorge Luz, dice: “A usté le tengo un cariño… un cariño con algo de lástima, y a veces, póngale, con algo de repelencia, pero cariño al fin”. Cuando terminó el video, Jorge Luz miró a Paredero y le dijo: “Con las dos manos en el corazón, sentía lo mismo por los dos, por la Tota y por Porcel”.

La Tota y la Porota fue un sketch que introdujo en su último suceso televisivo: Los Ratones y las Gatitas de Porcel, un sketch improvisado en el que ambos actores hacían de dos señoras de barrio. Esgrima verbal, observación de costumbres, velocidad, alguna maledicencia, toneladas de oficio y química en escena. Unos años después, en el 94, se independizó en Telefé, pero ya no fue lo mismo. Porcel ya no era el mismo.

Desde principios de los años 70, en varias entrevistas, habló de sus gustos musicales y artísticos. Sorprendían por su sofisticación. Bela Bartok, Debussy, Rachmaninov, Piazzolla, Salgán, Troilo. Mencionaba también pintores y mostraba que estaba al tanto de los nuevos nombres que surgían en el mundo artístico argentino.

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Era pintor aficionado. En varias notas mostró alguna de sus obras y en el teletón realizado en medio del conflicto bélico, Las 24 horas de Malvinas, conducido por Pinky y Cacho Fontana, Porcel y Olmedo se presentaron -como lo hicieron (casi) todas las figuras relevantes argentinas de cualquier rubro- de madrugada, tras finalizar sus funciones en el teatro. Porcel donó algunas de sus pinturas para que fueran subastadas.

Era también un muy buen cantante de boleros. En 1980 publicó un disco llamado Puro Corazón y en varios de sus últimos ciclos, siempre encontró un espacio en el que cantar al menos un tema. El disco fue producido por Mochín Marafiotti y tuvo arreglos de Jorge Calandrelli (un dato increíble: las partes de bajo son tocadas por Marcus Miller). Hay boleros clásicos, alguna composición de Daniel Riolobos, el tema que da nombre al disco de Mochín Marafiotti y hasta una bossa nova. Es un gran álbum.

Era su manera de mostrar que él era más de lo que mostraba. Lo perseguía el mote de chabacano y vulgar. Sus productos tenían muchísimo éxito, generaban millones -los cómicos y las divas eran los millonarios del ambiente artístico- pero generaban poca respetabilidad, carecían de prestigio. A diferencia de Olmedo, Porcel podía intelectualizar los mecanismos del humor; solía hacerlo en las entrevistas (al rosarino no le gustaba desmenuzar su arte, buscarle explicaciones al duende encendido que aparecía en el escenario o en el set). Pero nunca se animó a incursionar en otro camino más que el probado, el que le funcionó por más de 20 años.

En la década del 90 se radicó en Miami. Durante un año hizo A la Cama con Porcel, un programa exitoso en un canal latino, y puso un restaurante de pastas. También se volcó a la religión, se volvió pastor evangelista. Obtuvo también un gran premio para su trayectoria: fue elegido por Brian De Palma para actuar con Al Pacino en Carlito´s Way. Después de esa aparición, en la que se lo ve rígido y sus ojos habían perdido el brillo y la vitalidad anterior, dijo que lo habían buscado para hacer dupla con Eddie Murphy y que Oliver Stone lo quiso para su frustrada Evita.

En 1997, Gerardo Sofovich lo trajo de Miami para el debut de una nueva versión de Polémica en el Bar en Telefé. Sofovich, Javier Portales, Juan Acosta, Guillermo Nimo y Ernesto Cherquis Bialo eran los habitués de la mesa. Porcel apareció en los últimos bloques. Hablar pausado, voz finita, el homenaje de los otros y alguna réplica brillante. Se produjo un momento muy emocionante: Vicente La Russa, en su personaje de El Preso, con el pucho en la comisura de los labios, deja los cafés de un chivo sobre la mesa, se saca el cigarrillo, se inclina sobre Porcel y le da un beso lleno de ternura y compasión. Y rompe su casi eterno mutismo y mientras acaricia sus hombros, le dice: “Bienvenido, Gordo”.

Unos años después fue entrevistado en el programa de Susana Giménez, ya en silla de ruedas y más deteriorado aún y eclipsado por la enfermedad.

Estuvo casado con Olga, con quien adoptó una hija. Pese a las infidelidades y las parejas paralelas y simultáneas, no se separaron. Con Norma de Mauricio tuvo a Jorge Jr., que con el tiempo se convirtió en un polémico personaje mediático.

Dos de sus parejas del mundo artístico fueron Carmen Barbieri y Luisa Albinoni, a quien conoció en La Peluquería de Don Mateo. Con la actriz del latiguillo Hola, Mami estuvo seis años en pareja. Ella sigue hablando con cariño de Porcel; es una de las pocas que lo hace.

Unos años antes había salido con Carmen Barbieri tras encontrarse en los pasillos del teatro de revistas. Era una relación clandestina que atravesó, al menos, tres años. Ella era mucho más joven que él. Alfredo Barbieri, el padre de Carmen y también capocómico por derecho propio, enloqueció cuando se enteró del noviazgo. Conminó a su hija a terminar la relación. Al saber que se seguían viendo, dicen que descerrajó seis tiros contra el Mercedes importado de Porcel. También, dicen, que en un camarín lo amenazó con la misma arma. La madre de Carmen confirmó el enojo de su marido, pero dijo que nunca blandió un arma. Según ella, lo que ocurrió fue que Alfredo Barbieri le dio una paliza al Gordo entre bambalinas.

Sobre este aspecto de Porcel, María Moreno alguna vez escribió (la entrevista/perfil se encuentra en su libro Vida de Vivos): “Sus amores despertaban obscenas asociaciones acerca de posturas y artilugios sustitutos. Se daba por sentada la impotencia o la perversión. Sin embargo, muchas mujeres la habían amado y deseado”.

El poco cuidado de su cuerpo, los excesos de todo tipo y el avance del Parkinson deterioraron mucho su salud. Se fue apagando de a poco y desapareciendo de la vida pública. Con su nueva inclinación por la religión, se arrepentía de su pasado como actor cómico y sus chistes verdes, sus gestos cargados de sexualidad y de menosprecio por la mujer.

Murió en Miami el 16 de mayo de 2006, hace 20 años. Tenía 69. Sus restos fueron repatriados y enterrados en el Panteón de Actores del cementerio de la Chacarita.

Sus películas y algunos de sus programas se siguen pasando por el cable. Cada tanto, también, se convierte en el tema principal de los ciclos de chimentos.

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