Fecha de publicación: 25 de Abril de 2026 a las 07:04:00 hs
Medio: INFOBAE
Categoría: ESPECTACULOS
Descripción: El periodista dejó ver su lado más personal al compartir, con humor y sinceridad, los rituales y hábitos que marcan su vida ante la sorpresa de sus colegas
Contenido: Más allá de su trabajo en televisión, y de sus profundas reflexiones, este viernes, Mario Massaccesi sorprendió al contar los tocs (Trastorno Obsesivo-Compulsivo) que afronta en su vida diaria. Todo sucedió cuando el conductor fue consultado por Ángel de Brito en su programa, dando paso a que el periodista relate cómo son sus mañanas y noches, cargadas de tareas marcadas por la obsesión.
“Tenés muchos tocs”, comenzó diciendo de Brito en Bondi Live, a lo que Mario respondió: “Tengo unos cuantos, sí”. Ya introducido en el tema, Ángel comenzó a enumerar los que conocía: “No me acuesto si no lavé los platos”. Rápidamente, la respuesta de su invitado llegó: “Obvio. Yo me voy a dormir y no en sentido trágico, como si al día siguiente no me fuera a despertar. Entonces, cuando vengan a buscar a mi casa, no van a tener que hacer más que buscar lo, la documentación e ir a la sala fúnebre. Todo ordenadito y limpio”.
Luego, Ángel destacó que Massaccesi no desayunaba si no hacía su cama. Lejos de negarlo, el conductor refirmó: “Por supuesto. Abro todas las ventanas aún en invierno. Curo mi casa con un sahumerio. Ando en pel...con un sahumerio por la casa”.
Fue entonces que de Brito quiso saber: “Mario, ¿por qué no te abrigás si abrís las ventanas?”. Lejos de esquivar la pregunta, Massaccesi explicó su punto: “Porque me da esa sensación del aire fresco”. Con la idea de tratar de entenderlo, pero pensando en las bajas temperaturas de mitad de año, Ángel subrayó: “Ahora sí, el frescor, pero ¿en julio? ¿Por qué no vas y te tomás tu café y lo que desayunes, la tostadita, no sé qué, y después hacés la cama? ¿Por qué antes?”.
El conductor volvió a defender su costumbre y relató: “Necesito saber que la vida está ordenada. Tengo uno que ahí no está, que es nuevo, porque no sé si no lo escuché acá. No salgo de la ducha si no sequé todos los azulejos”.
Sorprendida por la situación, y con las manos sobre su cabeza, Romina Scalora preguntó: “¿Y a partir de ahí lo empezaste a hacer?”. Ante la consulta, el invitado incluso detalló la hora en la que realizaba dicha acción: “Son las seis menos veinte de la mañana (risas) y estoy cu...arriba limpiando la mampara y limpiando los azulejos”.
Tiempo atrás, Massaccesi relató el proceso personal que atravesó para superar tabúes vinculados a su cuerpo. Durante una entrevista en el programa La noche perfecta (El Trece), el conductor Sebastián Wainraich le preguntó directamente si era cierto que había realizado una “sanación genital”. Massaccesi aclaró que en realidad participó de un “taller de sanación genital” y se explayó sobre el contenido y las consignas de esa experiencia.
Massaccesi explicó que la propuesta del taller aborda los tabúes y creencias heredadas sobre el sexo, la sexualidad y la familia. Señaló que en determinado momento sintió la necesidad de desprenderse de esas cargas. Reconoció que siempre tuvo mucho pudor con su cuerpo y que, aunque esa sensación persiste, logró disminuirla. “No me gusta ir a lugares donde deba estar en traje de baño”, admitió. También mencionó que asistió a playas nudistas, pero siempre permaneció vestido.
Expresó que aprecia la sensación de libertad, aunque le resulta difícil ponerla en práctica. Así, describió cómo decidió afrontar el reto de soltar el pudor y la vergüenza. Contó que, hacia el final de la cuarentena, se anotó en el taller tras haber probado diversas actividades virtuales.
Al recordar una de las actividades del taller, explicó que se requería llevar algunos elementos, como una turmalina, un objeto para sahumar y un pañuelo para cubrirse los ojos. Pensó que, al taparse los ojos, la dinámica tomaría otro rumbo, aunque la realidad fue distinta.
El ejercicio consistía en la posibilidad de quitarse la ropa. Massaccesi decidió hacerlo, con el objetivo de trabajar su incomodidad ante la mirada ajena. Destacó que todos los participantes estaban con los ojos cubiertos, por lo que no sabían quién se desvestía y quién no. Surgieron prejuicios y dudas, como el temor a ser el único en hacerlo o a quedar expuesto. Finalmente, completó la actividad y, al destaparse los ojos, observó que todos estaban desnudos excepto un participante, un hombre de unos 30 años, según recordó.
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