Fecha de publicación: 9 de Marzo de 2026 a las 09:36:00 hs
Medio: INFOBAE
Categoría: ESPECTACULOS
Descripción: El cantante de Turf, fuente inagotable de anécdotas, cuenta sus trucos para sentirse joven, cuando era, según sus palabras, “hermoso”
Contenido: Joaquín Levinton, cantante de Turf, compartió detalles sobre su visión frente al espejo a los 51 años durante una entrevista en El Buscador, canal de YouTube de Hispa. En diálogo con Julio Leiva, abordó con honestidad cómo percibe hoy su imagen, la distancia con su juventud y los trucos que utiliza para enfrentar su propio reflejo.
El artista compartió una anécdota sobre cómo utiliza sus fotos antiguas en el presente: “A veces cuando estoy con una chica le digo: ‘Mirá’ y le muestro una foto de joven. ‘Mirá la foto, mirá la foto’. Me la acerco así. ‘Seguí mirando acá. Listo, quedate ahí. Cerrá los ojos. Cerralos muy bien’”. Añadió que contempla a ese joven de las fotos como si fuera alguien ajeno: “Yo veo, lo veo a ese como si fuese otro. No, yo no”.
Cuando se refirió a su relación con los espejos, Levinton confesó en El Buscador de Hispa que no lo entusiasma mirarse ni escuchar su propia música. “Ni me gusta verme a mí ni me gusta que pongan la música mía. Me da fiaca. La verdad que era lindísimo. Era hermoso de joven”, declaró, evocando con nostalgia su imagen pasada.
Durante la conversación, Levinton reflexionó sobre cómo el tiempo y la tecnología han archivado cada etapa de su vida. “Está todo, toda mi vida ahí en, en YouTube. Básicamente. Si yo con la música empecé a los diecisiete y de, y antes de los diecisiete no hay mucha vi… no hay mucho”, relató.
Al preguntársele qué edad siente actualmente, respondió: “Treinta y siete”. Luego aclaró, con humor, que esa percepción cambió recientemente: “Porque maduré. Porque tenía veinticuatro… Hasta hace dos años, veinticuatro”.
Levinton relató con humor que utiliza ciertos mecanismos para sobrellevar lo que ve en el espejo. Explicó: “Es que tengo un espejo que tiene un efecto para que yo me vea como, eh, como me quiero ver”.
Como contraste, describió de forma irónica sus impresiones al verse en otros espejos: “El de abajo del edificio no tiene el efecto. Y hago así (se tapa): ‘Uy, no’. Porque a veces lo miro y digo: ‘Pum, ¡no! Soy enano y gordo’”.
Hace una semana, en vísperas de su cumpleaños, Levinton relató en FM La Mega 98.3 el episodio que cambió su vida. “Tuve un infarto porque tenía una arteria tapada y de repente me empezó a doler el pecho, como que no podía respirar”, detalló sobre la madrugada en el bar El Timón, Palermo, Buenos Aires, donde fue auxiliado primero por un mozo.
Rememoró la rápida atención que recibió, subrayando: “Después llegó el SAME rapidísimo, que me llevó al Hospital Fernández, a quienes también les agradezco con todo el corazón lo genial y lo rápido que me atendieron”.
El músico puso énfasis en el sistema público: “Estoy muy bien. Quiero agradecer muchísimo realmente a toda la gente que se preocupó, sobre todo la gente del Hospital Fernández, que son increíbles. El hospital público, salud pública, aguante. Hay que defenderlos a morir, porque yo entré ahí en una situación bastante jodida y me salvaron. En un segundo me atendieron y eso le puede pasar a cualquiera”.
En su regreso a los escenarios, Levinton sorprendió en el festival Cosquín Rock, Córdoba, al ingresar a cantar en camilla, cubierto como si simulase una emergencia. “Entré de manera misteriosa. Fue un susto para mucha gente nuevamente porque entré en camilla tapado, como muerto”, relató en la radio.
La performance, transmitida en vivo, impactó a seguidores y familiares: “Mi vieja lo volvió a ver: ‘Está llegando Joaquín Levinton’, y aparecí yo en la camilla tapado. Eso lo pasaban en vivo”, recordó con humor.
Tras recuperarse, Levinton profundizó su faceta emprendedora. En un giro inesperado para su vida, contó que lanzó un emprendimiento de alfajores con la marca “Pescado Raúl”, inspirado en una anécdota de MasterChef cuando, al ser preguntado por el nombre del pescado, respondió “Raúl”. El músico anticipó que podrían sumarse nuevos desafíos, siempre impulsado por el afecto de su entorno.
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